Recuerdos de lo que no ha pasado

viernes, diciembre 09, 2005

Por la espalda, hijo de puta

Leyendo el cada día más brillante blog de Mycroft, encuentro un sentido recuerdo a John Lennon y me da que pensar.


No sé qué asesino en qué película decía que cuando matas a alguien tienes que hacerlo por detrás, para no verle la cara de susto cuando aprietas el gatillo, porque si te paras a mirarlo durante un segundo puede entrarte el acojone y finalmente ser incapaz de consumar.

No sé ni cómo te llamas porque no quiero aprenderme tu nombre, pero ya que vas a matar a John Lennon, hijo de puta, le encaras, te pones frente a él mirándole a los ojos y le dices John, soy el pirado al que le firmaste un autógrafo ayer y vengo a matarte porque oigo voces que me lo ordenan. Y le das tiempo a John Lennon, hijo de puta, a clavarte los cuatro ojos que te van a atormentar el resto de tu vida, cada vez que recuerdes la cara del hombre al que disparaste. O sea, para que te acuerdes bien de él, de un Lennon que en aquel entonces tenía la imaginación plena, el acierto a flor de piel, la sensibilidad llena, el tabique nasal perforado por la coca y a Yoko Ono dispuesta a follar en cada esquina y a malmeter contra McCartney. No así, hijo de puta, matándole por detrás. A contrapelo, para que no las pueda ver venir y sin darle tiempo a fumarse el último pitillito, o al menos, a cantar una última balada.


El tonto pirado éste no es el primero al que le faltan cojones para encararse con su víctima. En América a los ajusticiados les ponen una bolsa de tela en la cabeza para no ver esa última mirada de reproche y horror. Antes de fusilar a Matahari le querían poner una venda en los ojos, que ella rehusó. Cuando ya estaba siendo apuntada por los rifles, se despojó de su abrigo y se despidió de los soldados, coqueteando con ellos hasta el final. Después de darle el tiro de gracia, allí mismo el cabo que comandaba el pelotón se metió un tiro en la sien, incapaz de sobrellevar el haber fusilado a Matahari. A José Canalejas le disparó un anarquista por detrás, directo a la cabeza, cuando el pobre viejo miraba el escaparate de una librería en uno de sus paseos diarios. Y al presidente Lincoln también le disparan por detrás, riéndose mientras ve una obra de teatro, sentado tan ricamente en su palco. Cuenta la leyenda que Wild BIll Hicock, el tirador más rápido del oeste, murió tiroteado por la espalda a manos de un niño de 12 años, el hijo de un hombre al que Bill había matado un año atrás.

Las últimas palabras pronunciadas por John Winston Lennon fueron Me han disparado, me han disparado, incapaz de creer que hubiera alguien tan hijo de perra y tan cobarde como para matarle por la espalda a él, que sólo se dedicaba a cantar y a salir desnudo en las fotos y a darle oportunidades a la paz. Después, cuando era trasladado al hospital Roosevelt, un agente de policía aterrado, le preguntó si era John Lennon. Éste respondió con un escueto Yeah.

A mí que no me maten por la espalda, que una cosa es que te quiten la vida y otra que te quiten la dignidad.